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Vera.



“Vera.. vos tan humana, tan preciosa, tan real” fue el pensamiento que pasó por mi memoria en ese breve instante. No habría necesidad de traer a mi mente el vivo recuerdo de lo que alguna vez fue tu rostro, tu piel o tus manías.
Digamos que el paso del tiempo se encargaba de revivirte.
El otoño pasado habías prometido amarme, lo hiciste  ¿O si no de qué modo podría estar hablando de ti en este momento?

Vera era así, real y humana.
Precisa y llena de tristezas.
La recuerdo cantando y bailando por todo aquel cuarto que le gustaba llamar “hogar”, aquella bella canción que compuso Pancho Varona y que en su voz se escuchaba tan singular.
La recuerdo hablando con cierta frustración y nostalgia de aquel libro que llevaba releyendo tres veces y aún no entendía las decisiones del protagonista.
La recuerdo riendo también, porque amaba hacerlo.
También recuerdo el verano que prometió volver.
Pero no lo hizo.
Sabía anticipadamente que no lo haría, porque al despedirnos sentía que el viento me lo susurraba al oído.
Pero me llene de una inexistente esperanza al imaginar de nuevo el tacto de sus manos en mi rostro.


Confío plenamente en que Vera llegará a ese lugar que una vez me describió y me contó catalogándo como “el más grande secreto” y haciéndome prometer no revelarlo jamás.
No cumplí tal promesa.
Lo dijo una noche cualquiera, si me preguntan no recuerdo la fecha, pero si la expresión que se torno en su rostro cuando pronunció las palabras, estaba tan serena, tan llena de melancolía que por un momento tuve miedo que su mirada se perdiera en aquel universo al cual ella pertenecía.
“Bruno, si supiera de dónde vienen los poemas ahí iría” - dijo con una fuerza en sus palabras que me supieron a promesa.
Vera, vos que dijiste amar mi locura y mi pasado.
Quisiera que me describieras como nace un poema, quisiera por un momento ver como tus ojos se engrandecen al hablar de ese lugar y su maravillosa grandeza. Porque te imagino así, plena y viva.
En mis pensamientos te permito vivir.
Y en las vidas hipotéticas que suelo imaginar con vos cada noche antes de dormir, cuando termina el día y recuerdo que no volverás.
Y entonces no tengo más remedio que escribirte, que imaginarte y por último soñarte.


Vera, decime ¿De dónde vienen los poemas?

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